Brincacharcos

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Insomnio

El insomnio ha llegado. Siempre llega.
Aturde.
Se levanta como un fantasma gigante
cubre con su sombra lo que toca.
Fabrica pájaros de vidrio
se deja caer entre letras entrelazadas.
Hiere la pupila y desgrana pequeños miedos en el pecho.
Nadie lo contiene.
A veces llora abrazado a un gato siamés.

II

Nuevamente el insomnio
se apodera de mi.
Espanta los sueños
los arrasa
desnuda la realidad descarnada.

Finge ser breve
y se establece en mis párpados.

Tiene el tamaño
del pasado y del futuro.

Se viste con harapos de pánico.

Nada lo ahuyenta.
Envilece lo que toca.

Se alimenta con gotas tibias y saladas
de ruidos nocturnos.

Decepciones
pensamientos turbios

laberintos intrincados
albas sin esperanzas.

Su corona de escarcha
Hiere la madrugada.

Y suele creerse rey de la noche.

OLGA EDITH ROMERO 

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La hazaña de lavar

Lavar desde arriba

Como cualquier otro día me disponía a lavar la ropa, en esta ocasión 3 pantalones de mezclilla: uno azul y dos negros. Pasé entonces al centro de lavado que se encuentra, como en toda casa europea, en el mismo piso, en una terracita que no supera más del metro cuadrado. Así que como de costumbre, inicie el ciclo de lavado.

Pasó una hora cuando escucho por la ventana “¡haaalaaa… haaaalaaa.. pero que es esto!” luego dijo como veinte “halas” más y ocasionó que otra vecina saliera desde su “balcón” (la misma terracita) a ver lo que pasaba como buena vecina que es, metiche más bien. “¿Pero qué pasa?” dijo, y le respondió “¡Que está cayendo agua, tengo la ropa tendida!”. Usualmente pasa eso siempre y todos acostumbran a tener cortinas de bolitas (como las de la regadera) cubriendo su ropa, ya sea de la lluvia o de los residuos de los vecinos de arriba, pero esta vez era diferente, no era agua cualquiera: era… era… ¡AZUL! Obviamente era mi pantalón de mezclilla azul que, como cualquier ropa de color va destiñéndose con cada lavada (no me pude traer el MAS Color de casa) así que era normal que el agua del ciclo de centrifugado saliera Azul. Yo ni en cuenta que era en mi piso hasta que la vecina -muy atenta ella- le dijo “Sí están, por aquí se ve un chico en el ordenador”, es decir, yo. Así que enfuerecida salió de su hogar rápidamente.

La confrontación.

Cuando yo me disponía a revisar la lavadora puesto que la descripción que la atenta vecina había hecho concordaba conmigo, sonó la chicharra del timbre como en emergencia. Me apresuré, más bien caminé hacia la puerta y abrí. 

Una señora más pequeña que yo en estatura pero colosal en medidas, en bata rosa con florecitas, pelo blanco y gafas se encontraba tras la puerta. No recuerdo textualmente lo que dijo, me angustiaba más mi pantalón que se estaba destiñendo por no usar MAS Color después que dijo que agua azul estaba cayendo a su patio -perdón a su tendedero-, y el miedo que me causaba ver su bata. En sí, lo que había dicho (gritado) era que le estaba escurriendo ¡AGUA AZUL! y que seguramente algo en la lavadora se estaba destiñendo (¬¬ ¡no me diga..!) Para ese entonces mi compañero de piso (que estaba con su novia, así que muy apenas salió con el pantalón puesto) ya estaba tras de mí escuchando atentamente lo que aquella vecina decía. 

Al fin se fue y me dirigí a ver que pasaba con la lavadora. Descubrimos que se tiraba de la parte de atrás. No podíamos hacer nada, más bien no quisimos y esperamos hasta que una persona mayor llegara a revisar. Mientras tanto la angustia me embargaba al no saber el estado de mi pantalón. Tenía que esperar por lo menos cinco horas más para verle.

El Pantalón.

Luego que llegaron los adultos competentes para realizar tal acción, se dió por sentado que el tubo que conduce al drenaje y al cual esta conectado las mangueras del centrifugado se encontraba tapado y por lo tanto el agua, la menos culpable, buscaba a dónde irse. ¡Que más que con la adorable vecina de abajo! 

Ya resuelto el asunto de la tapazón, al fin terminó el ciclo de lavado y mis pantalones estarían listos. Afortunadamente, mi pantalón azul se encontraba bien, no había pasado del susto de encontrármelo con un azul celeste o algo parecido. Luego de lanzar algunas indirectas por el patio de vecinos colgué mis pantalones y todo llegaba a su fin. Mi pantalón está bien, sano y salvo esperando secarse para mañana.

C.Sosa

PD

Las vecinas locas de Valencia

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El jalón

Cuando te encuentras frente a algo importante en tu vida, no importa lo que haya pasado antes, lo que importa es lo que pasa ahora. No te juegas nada porque sabes que lo tienes, sólo falta un último jalón, ya no hay nada que perder y cada vez lo tocas y lo sientes contigo. Por más difícil que sea, por más laborioso haya sido, ya no importa: ya lo alcanzaste. Sólo falta el último jalón. Después mirarás detrás de tí y te encontrarás con todo lo que hiciste y sabrás entonces que ha valido la pena, bueno o malo ahí está y te servió, algo que quizá no pensaste que fueara a hacerlo. Pero aquí estás, sólo falta el último jalón. 

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Las prisas

Desde la ventana se ve que pasa la gente, que corre sin parar. ¿A dónde van tan de prisa? o es que ¿el mundo ya se va acabar? Si es así, prefiero quedarme contemplando el paisaje y disfrutar, que, ahora mismo no se ha de terminar.   

Permalink En el metro, al infinito y más allá!
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