Brincacharcos

La hazaña de lavar

Lavar desde arriba

Como cualquier otro día me disponía a lavar la ropa, en esta ocasión 3 pantalones de mezclilla: uno azul y dos negros. Pasé entonces al centro de lavado que se encuentra, como en toda casa europea, en el mismo piso, en una terracita que no supera más del metro cuadrado. Así que como de costumbre, inicie el ciclo de lavado.

Pasó una hora cuando escucho por la ventana “¡haaalaaa… haaaalaaa.. pero que es esto!” luego dijo como veinte “halas” más y ocasionó que otra vecina saliera desde su “balcón” (la misma terracita) a ver lo que pasaba como buena vecina que es, metiche más bien. “¿Pero qué pasa?” dijo, y le respondió “¡Que está cayendo agua, tengo la ropa tendida!”. Usualmente pasa eso siempre y todos acostumbran a tener cortinas de bolitas (como las de la regadera) cubriendo su ropa, ya sea de la lluvia o de los residuos de los vecinos de arriba, pero esta vez era diferente, no era agua cualquiera: era… era… ¡AZUL! Obviamente era mi pantalón de mezclilla azul que, como cualquier ropa de color va destiñéndose con cada lavada (no me pude traer el MAS Color de casa) así que era normal que el agua del ciclo de centrifugado saliera Azul. Yo ni en cuenta que era en mi piso hasta que la vecina -muy atenta ella- le dijo “Sí están, por aquí se ve un chico en el ordenador”, es decir, yo. Así que enfuerecida salió de su hogar rápidamente.

La confrontación.

Cuando yo me disponía a revisar la lavadora puesto que la descripción que la atenta vecina había hecho concordaba conmigo, sonó la chicharra del timbre como en emergencia. Me apresuré, más bien caminé hacia la puerta y abrí. 

Una señora más pequeña que yo en estatura pero colosal en medidas, en bata rosa con florecitas, pelo blanco y gafas se encontraba tras la puerta. No recuerdo textualmente lo que dijo, me angustiaba más mi pantalón que se estaba destiñendo por no usar MAS Color después que dijo que agua azul estaba cayendo a su patio -perdón a su tendedero-, y el miedo que me causaba ver su bata. En sí, lo que había dicho (gritado) era que le estaba escurriendo ¡AGUA AZUL! y que seguramente algo en la lavadora se estaba destiñendo (¬¬ ¡no me diga..!) Para ese entonces mi compañero de piso (que estaba con su novia, así que muy apenas salió con el pantalón puesto) ya estaba tras de mí escuchando atentamente lo que aquella vecina decía. 

Al fin se fue y me dirigí a ver que pasaba con la lavadora. Descubrimos que se tiraba de la parte de atrás. No podíamos hacer nada, más bien no quisimos y esperamos hasta que una persona mayor llegara a revisar. Mientras tanto la angustia me embargaba al no saber el estado de mi pantalón. Tenía que esperar por lo menos cinco horas más para verle.

El Pantalón.

Luego que llegaron los adultos competentes para realizar tal acción, se dió por sentado que el tubo que conduce al drenaje y al cual esta conectado las mangueras del centrifugado se encontraba tapado y por lo tanto el agua, la menos culpable, buscaba a dónde irse. ¡Que más que con la adorable vecina de abajo! 

Ya resuelto el asunto de la tapazón, al fin terminó el ciclo de lavado y mis pantalones estarían listos. Afortunadamente, mi pantalón azul se encontraba bien, no había pasado del susto de encontrármelo con un azul celeste o algo parecido. Luego de lanzar algunas indirectas por el patio de vecinos colgué mis pantalones y todo llegaba a su fin. Mi pantalón está bien, sano y salvo esperando secarse para mañana.

C.Sosa

PD

Las vecinas locas de Valencia

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